El silencio del cementerio

por Pascale Bonnefoy M.

patio 29 amplio CMN


Patio 29, case Cementerio General. (Foto: Consejo de Monumentos Nacionales)

Vea también: Catastro de Sepulturas del Patio 29
Centenares de cuerpos baleados fueron trasladados desde la morgue al Cementerio General de Santiago en los primeros meses de dictadura militar. Sin embargo, order el desorden burocrático, online los registros erróneos y las incongruencias en los archivos del Servicio Médico Legal y el cementerio generan dudas sobre el destino final de algunas de las víctimas de la dictadura.
Como parte de la investigación “Ejecuciones en Chile septiembre-diciembre 1973: El circuito burocrático de la muerte”, ArchivosChile revisó y comparó los registros documentales del Servicio Médico Legal (SML) y el Cementerio General de Santiago respecto de la trayectoria de las víctimas de la represión política en los primeros meses de dictadura militar, desde que ingresaban a la morgue hasta su destino final.[1]
Los archivos de las dos instituciones difieren en cuanto a las fechas en que salieron esos cuerpos de la morgue, quiénes los trasladaron al cementerio, si ingresaron efectivamente al recinto, y dónde fueron enterrados, o si fueron incinerados sin el conocimiento de sus familias.  (Ver recuadro: “Las incongruencias del SML-Cementerio General”)
Según los archivos del cementerio, sólo una fracción de los cuerpos enviados desde la morgue al camposanto aparece llegando, y además, en fechas diferentes a las señaladas en los libros del SML. En muchos casos, sus fechas y lugares de entierro no correspondían a la realidad.
Gran parte de los fallecidos por herida de bala enterrados en el Patio 29 ya venían identificados desde la morgue. Docenas más supuestamente terminaron en el crematorio, algunos “incinerados como indigentes”, como señalan los libros del cementerio, lo que en muchos casos resultó ser falso.

De acuerdo a los registros del SML, entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973 salieron rumbo al Cementerio General más de 1.130 fallecidos; de ellos, alrededor de 690 habían muerto por herida de bala. Sin embargo, muchos de ellos no aparecen llegando al cementerio, y no está claro qué sucedió con ellos:

¿Fueron cremados en total sigilo, como se ha rumoreado por años? ¿Fueron trasladados a otro lugar y hechos desaparecer? ¿Fueron enterrados como NN en el Patio 29 sin que quedara anotado? ¿O fueron enterrados en nichos o tumbas y nadie en el cementerio se tomó la molestia de anotarlo?

Intervención militar del Cementerio

Cementerio General (Crédito: A&D Fotografía)

Cementerio General de Santiago (Foto: A&D Fotografía)

Las primeras víctimas de la represión política comenzaron a llegar al Cementerio General el 14 de septiembre. Para entonces, ya había un delegado de la Junta Militar actuando como director, un civil de apellido Avendaño, según recuerda un funcionario que en esa época prestaba servicios técnicos.[2] El director hasta entonces  fue rápidamente sacado de su puesto.

El día después del golpe, relata este funcionario, Avendaño reunió a todo el personal en un complejo deportivo cerca del cementerio y los arengó sobre su futura labor.

“Nos dijo que ahora había que trabajar. No duró más de cinco minutos. Era prepotente, y se hizo cargo del cementerio por alrededor de un año,” relata el funcionario, quien estuvo presente.

A partir de entonces y de manera escalonada, una docena de funcionarios fue detenida desde el cementerio y salieron a un lugar desconocido. La mayoría regresó a sus labores semanas después, pero física y sicológicamente muy mal, recuerda el funcionario. Aunque no contaron detalles de su detención, la mayoría dijo haber estado en la base aérea de Colina. Entre los detenidos figuraba el encargado del crematorio en ese entonces, quien declinó una entrevista con ArchivosChile.[3]

Ese 14 de septiembre, cuando comenzaron a llegar los primeros muertos por herida de bala al cementerio, fueron sepultadas 71 personas, entre ellas las primeras ocho víctimas de violaciones a los derechos humanos: una era la adolescente de 16 años, Tabitha García Gutiérrez.[4] Los ocho fueron enterrados en nichos comprados por sus familias o en sepulturas familiares, según consta en el Libro de Ubicaciones del Cementerio General.[5]

Al día siguiente, el número de víctimas por herida de bala que arribó al cementerio se duplicó. Ese 15 de septiembre, las víctimas fueron enterradas en el Patio 29, un patio común transitorio que se había comenzado a usar ese mismo año para sepultar a personas no reclamadas por sus familiares, fallecidos no identificados e indigentes. Gran parte de los muertos por herida de bala que fueron registrados oficialmente en el Libro de Ubicaciones terminaron en el Patio 29, aunque ya venían identificados desde la morgue.

Entre las víctimas enterradas en el Patio 29 el 15 de septiembre de 1973, según los registros del cementerio, estaban Sergio Aedo Guerrero, Luis Barrera Torres, Miguel Cisternas Bocaz y Carlos Durán Durán.

Los cadáveres debían llegar con un pase de sepultación emitido por la oficina del Servicio de Registro Civil al interior de la morgue. Esa autorización incluía la causa de muerte y se basaba en el protocolo de autopsia. Con el número de inscripción de la defunción, los fallecidos eran anotados en el Libro de Ubicaciones, que entre otras cosas, indicaba la fecha y lugar de entierro.

Sin embargo, los libros del Cementerio General de esa época no reflejan el número verdadero de fallecidos que llegaron, ni la fecha precisa de su entierro y el real destino final que tuvieron muchos de ellos. Según María Luisa Sepúlveda, ex Vicepresidenta Ejecutiva de la Comisión Valech, a menudo lo que falló fue el protocolo para el resguardo de los cuerpos desde su llegada a la morgue hasta su traslado al cementerio.

Sepúlveda explica que los testimonios de funcionarios del cementerio contenidos en la investigación judicial sobre el Patio 29 en la década del noventa confirmaron que “a veces tenían que armar los cajones ahí mismo en la morgue. Los sepultureros sacaban el cadáver, lo ponían en un cajón y después llenaban una hoja. O sea, no creo que a esos hombres se les haya dicho que confundieran los cuerpos, pero no se les dio ninguna indicación de cómo resguardar la cadena de custodia”.

Desaparecidos en el camino

Outside the Morgue, Santiago MM

Un vehículo espera afuera de la morgue de Santiago. (Foto: Marcelo Montecino)

De la morgue de Santiago salieron hacia el cementerio 223 cuerpos en septiembre, 315 en octubre, 104 en noviembre y 44 en diciembre. Sin embargo, aunque el Libro de Ubicaciones del Cementerio General registra el ingreso de un número creciente de víctimas de la represión a lo largo de septiembre y octubre de 1973, y muchos menos en noviembre y diciembre, no refleja el número de cadáveres supuestamente salidos de la morgue rumbo al cementerio.

A modo de ejemplo, entre el 15 y 19 de septiembre quedó registrado el traslado desde la morgue al cementerio de 73 muertos por herida de bala. No obstante, el Cementerio General registra el ingreso de sólo 61 en ese mismo periodo.

Los funcionarios no anotaban en el Libro de Ubicaciones los entierros por orden de llegada, sino al finalizar la jornada, lo cual puede explicar el desorden y las omisiones en los registros, en un contexto no sólo de temor y cierto caos, sino también de una mayor carga de trabajo. Este libro registra el lugar de sepultura de los fallecidos por día y en orden alfabético, basándose en los pases de sepultación. En algunas de sus páginas, tras la lista alfabética de las personas y sus lugares de entierro, se anotaron más nombres, sin ninguna orden, lo cual implica que los pases de sepultación llegaron después del entierro.

A partir de octubre –el mes en que más fallecidos por herida de bala fueron trasladados al cementerio, según registros del SML- disminuyó notoriamente la anotación de muertos por herida de bala en el Cementerio General.

Llama la atención que prácticamente no hay personas no identificadas (“NN”) anotadas en el Libro de Ubicaciones durante el mes de septiembre de 1973, siendo que salieron de la morgue unas 29 personas no identificadas ese mes. En octubre, el SML trasladó a 60 cuerpos no identificados al Cementerio General, pero en este lugar, se registra el ingreso de sólo algunos pocos, aisladamente. De acuerdo a los archivos del cementerio, en dos ocasiones ingresaron grupos grandes de víctimas no identificadas, pero esas fechas no coinciden con la fecha de salida personas no identificadas desde la morgue en octubre.

Según registros del SML, sólo el día 3 de octubre de 1973 salieron 19 NN, muertos por herida de bala, hacia el cementerio. El 10 de octubre partieron otros 7. Sin embargo, su llegada no aparece registrada en los libros del cementerio en esas fechas. En cambio, de acuerdo a los libros del cementerio, el 12 de octubre ingresaron 34 “Desconocidos” o “NN”; todos, salvo dos, habían muerto por herida de bala. Todos ellos fueron enterrados en el Patio 29.

Dos de esos “NN” fueron posteriormente identificados, según una anotación hecha en 1993 en el mismo Libro de Ubicaciones: Jorge Ávila Pizarro y Justo Joaquín Mendoza Santibáñez. Sin embargo, según el SML, el cuerpo de Mendoza Santibáñez había sido retirado desde la morgue por su madre nueve días antes. Y Ávila Pizarro aparece saliendo del SML ocho días antes.

El 22 de octubre, ingresaron otros 10 “Desconocidos” o “NN” con causa de muerte herida de bala, que también fueron enterrados en el Patio 29. Uno de ellos se anotó como “Osamentas”.

“Incinerados como indigentes”

Ha sido imposible confirmar si algunos de los cuerpos que aparecen saliendo de la morgue pero que no están en los registros del cementerio terminaron cremados sin la autorización ni el conocimiento de las familias. ArchivosChile intentó varias veces entrevistar al encargado del crematorio en la época, pero éste se rehusó.

Sin embargo, tanto el SML como el Cementerio General documentaron la supuesta cremación de personas que nunca lo fueron.

De acuerdo al registro del SML, más de 40 cuerpos –casi todos muertos por herida de bala- fueron enviados al crematorio del Cementerio General; salvo en dos casos, fueron trasladados directamente por el servicio y no por sus familiares.

Es el caso, por ejemplo, de 12 víctimas[6] consignadas como detenidos-desaparecidos en el Informe Rettig. Todos ellos fueron muertos entre septiembre y octubre de 1973 y, según los libros del SML, sus restos fueron trasladados por el propio servicio al Cementerio General. Cuatro de ellos, según el SML, fueron directamente al crematorio: Carlos Guzmán Altamirano, Carlos Gutiérrez Benavides, José Pavez Espinoza y Nelson Muñoz Torres.

Sin embargo, como se descubrió años después, varios de ellos fueron en realidad enterrados en el Patio 29, al igual que el boliviano Donato Quispe Choque. Según el SML, Quispe había sido trasladado directamente al crematorio, siendo que sus restos fueron identificados positivamente en 2010 como los de la persona enterrada en la sepultura 2707 del Patio 29 junto a un NN.

Carlos Guzmán y Nelson Muñoz aparecen en los registros del Cementerio General como enterrados en las sepulturas 2710 y 2708, respectivamente, del Patio 29, y no cremados. Es más, en 2009 se confirmó la identidad de Nelson Muñoz Torres como parte de la investigación del juez Alejandro Solís sobre el Patio 29.

José Pavez Espinoza continúa desaparecido. Su nombre figuró hasta 1981 como enterrado en la sepultura 2705 del Patio 29 junto a otra víctima: Oscar Marambio Araya, cuya identidad también fue confirmada por el Servicio Médico Legal en 2011.

En una docena de otros casos, el Cementerio General registró la incineración de personas que ni siquiera corresponden a las mismas que el SML anotó como enviadas al crematorio. Uno de ellos es Luis Curivil Pranamil, muerto el 13 de septiembre y enviado al cementerio el 3 de octubre. Los archivos del cementerio indican que fue “incinerado como indigente” 15 días después. (Ver: El extraño caso de los dos Luis Curivil)

Otros incluyen a Desiderio Espinoza Ruiz, Rene Lizama Trafilaf, Luis Alberto Ross Hernández y José Miguel Farías Padilla, quienes también figuran saliendo de la morgue el 3 de octubre para ser enterrados, pero que en los registros del cementerio, aparecen como cremados el 18 octubre.

Y está el caso de Gabriel Panes Muñoz, cuyo cuerpo, según el registro del SML, fue retirado por su “patrón”, Jaime Pérez Benkis, y llevado al Cementerio General. Llegó al cementerio ese mismo día, según el Libro de Ubicaciones, pero su pase de sepultura claramente desmiente que lo hubiese llevado su empleador para ser enterrado. El pase de sepultura indica: “Incinerado sin la correspondiente resolución de la V Zona de Salud de Santiago por tratarse de un caso especial en el sentido de que el cadáver fue enviado directamente por el IML en condición de indigente.”

Otra víctima inscrita en los libros del Cementerio General erróneamente como “incinerados como indigente” fue el abogado socialista Arnoldo Camú Veloso, asesor del Presidente Salvador Allende.

Camú fue muerto durante su arresto el 24 de septiembre y trasladado desde la Posta Central a la morgue. El Dr. Tomás Tobar Pinochet le practicó una de las autopsias más completas de esos tiempos, y aún estaba en la morgue cuando el Registro Civil confirmó su identidad el 28 se septiembre a través de sus huellas dactilares.

Arnoldo Camú (Fuente: www.memoriavica.cl)

Arnoldo Camú (Foto: www.memoriaviva.com)

Según los registros del SML, fue el padre de Camú quien lo retiró de la morgue y lo llevó al Cementerio General el 11 de octubre. Sin embargo, la historia es otra. Camú fue trasladado por funcionarios de la propia morgue al cementerio. Habían pasado más de dos semanas desde su muerte y su familia aún no sabía de su paradero, afirmó su viuda, Celsa Parrau, a ArchivosChile. Parrau había ido a la morgue varias veces a ver las listas que colgaban afuera con los nombres de los fallecidos, pero Arnoldo Camú nunca apareció en ellas.

A fines de septiembre, ingresó. “Lo que vi adentro fue espantoso. Cuerpos amontonados, algunos cadáveres en hilera, otros amontonados encima de otros. Fue impactante. Muchos cuerpos estaban cortados por el fuego de metralleta, con las cabezas rotas. Entré, pero me devolví; no pude seguir viendo,” recuerda Parrau.

Un día, una amiga que la ayudaba con la búsqueda la llamó para decirle que su esposo estaba en la morgue, y que estaban a punto de trasladarlo al cementerio. El padre de Parrau y un hermano de Camú partieron de inmediato al cementerio, pero ya era muy tarde. Sólo al día siguiente pudieron exhumarlo del Patio 29, donde nunca quedó registrado.

“Lo exhumó mi padre y me contó que en el nicho estaba con otros dos cadáveres. Eran tres en total. Lo exhumaron y lo cremaron inmediatamente. A los dos días fui a buscar las cenizas,” relata Parrau.[7]

Pero en el cementerio, el Libro de Ubicaciones indica que el cuerpo de Camú llegó una semana después, el 18 de octubre, fue cremado, y sus cenizas quedaron en el horno crematorio. El pase de sepultación que acompañaba el cuerpo señala: “Occiso enviado sin deudo directamente desde el Instituto Médico Legal. Incinerado como indigente.”

Similar trayectoria tuvo Luis Alberto Trecanao Mora, muerto el 19 de septiembre y encontrado en el río Mapocho. Aparece siendo trasladado al cementerio el 3 de octubre por el SML. Sin embargo, su ingreso al cementerio figura con una fecha distinta -el 18 de octubre- y su pase de sepultación es similar a la de Camú: “Enviado sin deudo directamente por el IML. Incinerado como indigente. Cenizas en horno crematorio”.

Patio 29

Durante 1973, 1.479 personas fueron enterradas en el Patio 29, que contaba con 1.421 sepulturas. A partir del golpe militar, según los registros oficiales de entierros en el Patio 29 obtenidos por ArchivosChile, 58 personas fueron sepultadas de a dos en una sola sepultura. La mayoría se concentró en las sepulturas 2687 a la 2727.[8] (Catastro Sepulturas Patio 29)

Patrio 29. Crédito: Consejo de Monumentos Nacionales

Patio 29 del Cementerio General. (Foto: Consejo de Monumentos Nacionales)

Cuando por orden judicial se exhumaron los cuerpos no identificados (NN) desde 107 sepulturas del Patio 29 en septiembre de 1991, se encontraron 124 cadáveres, como consta en un oficio del Departamento de Operaciones del Cementerio General.[9]

Sin embargo, tanto familiares de las víctimas como los mismos funcionarios del cementerio aseguran que en algunos casos se enterraban hasta tres cuerpos juntos. (Ver recuadro “Hacerlos caber”)

“En general venían de a una persona en un cajón, pero también vimos llegar de a tres cuerpos en un cajón cuando se descargaban de los camiones que venían de la morgue,” cuenta un funcionario del cementerio de la época que no quiso ser identificado. “Obviamente no se podían tapar, porque no cabían los cuerpos. Venían con boquerones grandes en la espalda por los balazos. Vimos a una mujer embarazada. Vi a un niño. La mayoría venía desnuda. Los enterraban tal cual en el Patio 29. Quedábamos enfermos. Esas imágenes se nos quedaron en la retina.”

En numerosos casos, fueron sepultados en el Patio 29 personas que habían sido plenamente identificadas en la morgue, tras haber sido cotejadas sus huellas dactilares con las muestras archivadas en el Registro Civil.

“Cuando a comienzos de los noventa se hizo una nueva revisión de las identificaciones confirmadas por el Registro Civil de la época, se llegó a la conclusión de que muchas víctimas que habían sido trasladadas al cementerio general  estaban identificadas. Muchos familiares se enteraron en ese momento. Y eso estaba registrado por el cementerio. Otras familias no se enteraron nunca,” afirmó a ArchivosChile la antropóloga forense del SML, Marisol Intriago.

Donato Quispe. Fuente: www.memoriaviva.cl

Donato Quispe Choque. (Foto: www.memoriaviva.com)

El 12 de octubre, por ejemplo, ingresaron nueve personas identificadas y fueron sepultadas en el Patio 29, entre ellos,  Donato Quispe, ejecutado el 22 de septiembre. El Registro Civil había confirmado su identidad dos días después, y según el registro de la morgue, había sido trasladado por el propio SML hacia el cementerio el 3 de octubre. Ahí se registró su ingreso nueve días después.

El 22 de octubre quedó documentado el entierro de otros 18 fallecidos por herida de bala que ingresaron con sus identidades confirmadas por el Registro Civil. Todos ellos, menos dos, fueron sepultados en el Patio 29.

Entre ellos estaba el ex boina negra del Ejército y militante del MIR, Oscar Delgado Marín, ejecutado el 5 de octubre. Según registros del SML, había pasado casi dos semanas en la morgue antes de que el Dr. José Luis Vásquez le practicara una autopsia. En ella, el tanatólogo dejó constancia de la causa de su muerte: “herida de bala omotorácica complicada” y el lugar: Estadio Nacional.

Oscar Delgado fue enviado directamente al cementerio por el IML el 12 de octubre con su identidad confirmada por el Servicio de Registro Civil. En el cementerio, aparece llegando 10 días más tarde. Fue enterrado con su nombre completo en la sepultura 2654 del Patio 29.

Oscar Delgado Marín (Fuente: www.memoriaviva.cl)

Oscar Delgado Marín (Foto: El Mercurio, abril 1972)

Sin embargo, su familia no se enteró de su muerte hasta 20 años después, cuando un familiar acudió a la Vicaría de la Solidaridad, según relató su prima, Silvia Delgado, a esta autora. Le habían perdido la pista después de las Fiestas Patrias de 1973 y jamás se enteraron de su detención y muerte en el Estadio Nacional. Sólo entonces, la familia de Delgado descubrió que había un certificado de defunción y conoció la causa y lugar de muerte y entierro, pero ya era imposible recuperar sus restos: habían sido exhumados e incinerados en noviembre de 1981, al igual que decenas de víctimas identificadas pero de cuyo paradero aún nadie sabía.[10]

Las incongruencias del SML – Cementerio General

El caso de Santos Víctor Manuel Romeo González, un contador de 33 años, reúne varias de las incongruencias entre los registros del Servicio Médico Legal y el Cementerio General de Santiago. La autopsia practicada por el Dr. Alfredo Vargas determinó su fecha de muerte como el 18 de septiembre, el mismo día que ingresó como NN a la morgue. En un oficio fechado el 18 de septiembre, el Registro Civil confirmó al SML que las huellas tomadas a ese NN el día anterior – es decir, antes de su muerte- correspondían a Romeo González.

Luego, según los archivos del SML, su cuerpo fue retirado por su hermano el 9 de octubre y llevado al Cementerio Metropolitano. Sin embargo, el Informe Rettig consigna que sus familiares fueron informados después en el SML de que Romeo González había sido enterrado en el Cementerio General, cosa que, según el mismo informe, comprobaron posteriormente, por lo que era imposible que haya sido retirado por su hermano.

En el registro del Cementerio General, en tanto, Romeo González aparece llegando 10 días después de su supuesta salida del SML al Cementerio Metropolitano, el 18 de octubre. Aún más: el Libro de Ubicaciones del cementerio indica que fue incinerado ese mismo día.

 

Hacerlos caber

No sólo sepultaban de a dos o tres en un cajón, sino que también mutilaban el cuerpo para hacerlo caber. Fue el caso de Ricardo Pardo Tobar, ex instructor de la Escuela de Paracaidistas de Peldehue y posteriormente miembro del MIR. Había sido detenido y ejecutado en el Estadio Nacional el 10 de octubre y enviado por la propia morgue al Cementerio General ocho días después. Fue enterrado en el Patio 29, pero su familia no se enteró hasta marzo del año siguiente.[11]

Ricardo Pardo Tobar (Fotografía gentileza de familia de Ricardo Pardo).

Ricardo Pardo Tobar (Fotografía gentileza de familia de Ricardo Pardo).

A través de una compañera de trabajo, su esposa, María Isabel Núñez, supo que a Pardo lo habían ejecutado el mismo día de su arresto y partió a la morgue. Ahí le entregaron la argolla de matrimonio y su carné de identidad, y le dijeron que fuera a buscarlo al Patio 29 del Cementerio General. Junto a familiares y compañeros de trabajo, María Isabel Núñez compró un nicho en el camposanto para trasladarlo, y un oficial de ejército la condujo a la sepultura 2512 del Patio 29, donde había quedado inscrito con su nombre completo al llegar, sin que nadie lo supiera.

Cuenta la viuda de Pardo que el oficial le pasó  una pala a uno de los familiares y él cavó hasta topar con una pequeña artesa. El cuerpo de Tobar estaba cortado en tres: a la altura del tórax, el ombligo y las rodillas. Era la única manera que pudiera caber. El militar le dijo a la viuda que por haber pertenecido a las Fuerzas Armadas, le dieron la preferencia de enterrarlo solo, porque en muchos otros casos, estaban dejando tres cuerpos juntos. Ella se desmayó. (Vea también: Consejos de Guerra: Ejecutar primero, enjuiciar después)

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Lea también:

 

[1] No se le permitió a ArchivosChile copiar o fotografiar la documentación de archivo del Cementerio General de Santiago. No fue posible hacer un seguimiento sistemático de los cuerpos salidos del IML porque en el cementerio quedaron registrados con los números de pase de sepultación y no con los números de protocolo utilizados en la morgue y los datos de cada ingresado al cementerio están repartidos en tres series de libros distintos.

[2] Este funcionario, que aún trabaja en el Cementerio General, pidió reserva de su nombre.

[3] Salvo el funcionario citado más arriba, ningún otro funcionario del Cementerio General que puede atestiguar de los hechos acaecidos en 1973 aceptó ser entrevistado por ArchivosChile. Durante gran parte de 2011, ArchivosChile intentó reiteradamente concordar una entrevista con el Director del Cementerio General, Sr. Tulio Guevara, o que respondiera un cuestionario, pero no obtuvo respuesta.

[4] Los otros siete fueron Carlos Héctor Rojas González, Pedro Raúl Poklepovic Braun, Francisco Luis Opazo Larraín, Irma María Cristina De los Mozos Corvalán, José Fernando Fuentes Segovia, Domingo Elías Santos Muñoz y Marcos Aurelio Vega Penjean.

[5] El Libro de Ubicaciones, 1 julio al 31 diciembre 1973, del Cementerio General de Santiago consultado para esta investigación incluye los siguientes datos: Fecha de sepultura, número de registro civil, circunscripción de Registro Civil, nombre completo del fallecido, edad, causa de fallecimiento, clasificación y lugar de entierro. Sólo se permitió su consulta, no reproducción o copia.

[6] Carlos Guzmán Altamirano, Hugo Arredondo Sánchez, Luis Gutiérrez Merino, Carlos Gutiérrez Benavides, José Pavez Espinoza, Nelson Muñoz Torres, Jorge Riquelme Guzmán, José Manuel González González, Salustio Herrera Riveros, José Santos Ramírez Ramírez, Luis Hernández Alvarez y Miguel Ángel Núñez Valenzuela.

[7] Los restos de Arnoldo Camú fueron trasladados en 1996 al Memorial del Cementerio General.

[8] La Comisión de Patrimonio Histórico del Consejo de Monumentos Nacionales elaboró este catastro a base de documentación oficial del Cementerio General como parte de la investigación previa a la declaración del Patio 29 como Monumento Histórico en 2006.

[9] Los restos fueron enviados al Servicio Médico Legal para su identificación. Las identidades de 96 de ellos fueron confirmadas en 1995 y los restos entregados a sus familias; sin embargo, más adelante se constataron errores en la identificación de al menos 48 de ellos. Actualmente se trabaja en la re-identificación de la totalidad de cuerpos, habiéndose confirmado hasta el momento la identidad de 45.

[10] Una orden de la Tercera Fiscalía Militar de julio de 1981 prohibió expresamente la incineración, exhumación o traslado de los cuerpos NN sepultados en el Patio 29, pero esa orden no fue cumplida cabalmente.

[11] El relato sobre Ricardo Pardo a continuación se basa en entrevistas a su viuda, María Isabel Núñez, y otros miembros de la familia realizadas por esta autora en 2005.

 

3 Respuestas to “El silencio del cementerio”

  1. anne pérotin-dumon dice:

    Como archivera y historiadora, agradecezco Archivoschile por entregarnos este nuevo capítulo de uno de los más oscuros capítulos de la historia reciente de Chile mediante una investigación impecable! Asimismo quiero felicitar a los autores de este trabajo minucioso por su compromiso profesional con la verdad.

  2. Leila Nash dice:

    Se agradece el trabajo que entrega uno de los capítulos más tristes de nuestra historia. Es necesaria su lectura y estudio para saber lo que sucedió..

  3. Antonio Casalduero Recuero dice:

    Durante mucho tiempo he querido saber el paradero final de mi ex-polola Sara de Lourdes Donoso Palacios, enfermera universitaria, secuestrada la madrugada del 14 al 15 de julio de 1975, desde el consultorio de la Av. Independencia, frente al Liceo Gabriel Mistral, por unos sujetos vestidos de civil, la metieron en un auto y desaparecieron hasta el día de hoy. Su nombre figura en el Memorial del Cementerio General.

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